La suite de hotel en el piso 25 apesta a lujo y a tormenta inminente. Llueve a cántaros fuera, pero dentro, el aire ya quema. Él entra detrás de mí, cierra la puerta con un clic que retumba en mi pecho. Sus ojos, oscuros, me clavan. Mi corazón late como un tambor de guerra. Siento el calor subir desde el estómago, un fuego que lame mis entrañas. Me quito los tacones, el suelo frío bajo mis pies descalzos me eriza la piel. Él se acerca, su aliento roza mi cuello. No hablamos. Para qué. Mis pezones se endurecen bajo la blusa de seda, traicioneros. Su mano roza mi cintura, y ya estoy mojada, el pulso entre mis piernas acelera. Todo se vuelve rojo. Rojo sangre, rojo deseo. Lo empujo contra la pared, mis labios chocan con los suyos. Dientes, lenguas, saliva. Su barba raspa mi piel suave, duele un poco, excita más. Manos por todas partes. La mía baja a su entrepierna, dura como hierro. Él gime, bajo, animal. Mi razón se disuelve. Solo queda la urgencia. Desabrocho su camisa, uñas en su pecho. Marcas rojas. Mías. El corazón me va a estallar. Sudor ya perla mi frente. Lo quiero dentro, ya. Ahora.
Sus dedos tiran de mi falda, rasgan la tela. No hay delicadeza. Caemos al suelo, alfombra mullida bajo mi espalda desnuda. Él encima, pesado, dominante. Mi piel arde donde me toca. Boca en mi cuello, mordiscos que queman. Bajo, lame mis pechos, succiona un pezón hasta que grito. Dolor-placer. Mi mano libre en su pantalón, libero su polla, gruesa, palpitante. La aprieto, él gruñe. ‘Joder’, dice, voz ronca. Me abre las piernas de un tirón, dedos dentro, dos, tres. Empujando, curvándose. Grito, arqueo la espalda. Líquido chorrea por mis muslos. No aguanto. ‘Fóllame’, suplico, voz rota. Se posiciona, entra de golpe. Lleno. Estiro. Duele al principio, luego éxtasis. Ritmo brutal, caderas chocando, piel contra piel, slap-slap-slap. Sudor nos une, resbala. Mi clítoris roza su pubis, chispas. Acelera, más fuerte. Uñas en su espalda, araño profundo. Él muerde mi hombro, deja marca. Bombeo, bombeo. El mundo se reduce a esto: su polla dentro, mi coño apretando, corazones desbocados. Grito su nombre, no sé cuál es. Él ruge, se corre primero, chorros calientes. Yo exploto segundos después, temblores, vacío mental. Ondas, olas. Piernas temblando.
La Fiebre del Deseo
Nos quedamos tirados, respiraciones jadeantes. El suelo frío ahora enfría mi piel en llamas. Su peso aún sobre mí, semen gotea entre mis piernas, pegajoso, real. Levanto la vista, lluvia azota los ventanales. Todo quieto. Mi corazón baja el ritmo, pero late fuerte aún. Él se aparta, rueda a mi lado. Piel pegada a piel, sudor enfriándose. Sonrío, labios hinchados. Dolor dulce en cada músculo. Marcas en mi cuello, en sus hombros. Pruebas de la fiebre. Me incorporo despacio, piernas flojas. Voy al baño, espejo empañado. Veo mi reflejo: mejillas rojas, ojos vidriosos, labios partidos. Viva. Regreso, él fuma un cigarro en la cama king size. Me acuesto a su lado, cabeza en su pecho. Latidos calmados. Silencio cómodo. Afuera, tormenta amaina. Dentro, cenizas calientes. Mañana no habrá nombres, solo esto: haber vivido el borde. El placer total. Peligroso. Mío.