El club privado huele a cuero y humo denso. Luces rojas parpadean sobre cuerpos que se rozan. Yo entro sola, el corazón ya latiendo fuerte. Vestido negro ceñido, tacones que clavan en la alfombra. Lo veo al fondo del bar. Alto, ojos oscuros que me clavan. Su mirada sube por mis piernas, se detiene en mis caderas. Siento el calor subir desde el estómago. Me acerco. Un roce accidental de su mano en mi brazo. Electricidad. Pulso acelerado, 120 latidos por minuto. Sudor fino en la nuca. ‘¿Bailamos?’, dice con voz grave. No espero. Lo arrastro a la pista. Cuerpos pegados. Su pecho duro contra mis tetas. Manos en mi cintura, bajando despacio. Mi respiración se entrecorta. El deseo es rojo, furioso. Quiero arrancarle la camisa aquí mismo. Labios cerca del oído: ‘No aguanto más’. Mi coño palpita, húmedo ya. Lo empujo contra la pared oscura. Boca en su cuello. Salado. Manos mías en su polla, dura bajo los pantalones. Él gime bajito. Todo vibra. El mundo se reduce a esto: piel contra piel, urgencia que quema.
Sus dedos se cuelan bajo mi falda. Encuentran bragas empapadas. Rasga el encaje. Dos dedos dentro, directo al grano. Grito ahogado. Ritmo cardíaco a tope, 160. Piernas tiemblan. Lo beso con furia, dientes en labio inferior. Sangre dulce. Me voltea, espalda contra él. Polla libre ya, presionando mi culo. ‘Ahora’, gruño. Entra de golpe. Duro, grueso. Llenándome. Empala sin piedad. Cada embestida sacude mis entrañas. Sudor chorrea por espaldas. Manos en mis tetas, pellizcando pezones. Dolor placer mezclado. Gimo alto, no me importa quién mire. Club gira alrededor, pero solo existimos nosotros. Acelera. Pared fría en palmas. Piernas abiertas, arco en espalda. Orgasmo sube como lava. Exploto gritando. Él sigue, brutal. Semen caliente dentro, derramándose. Colapso contra él. Brazos fuertes me sostienen. Jadeos sincronizados. Piel pegajosa, olor a sexo crudo.
La Fiebre
Caemos en un sofá de terciopelo negro. Cuerpos exhaustos, aún temblando. Su mano en mi muslo, suave ahora. Corazón baja a 90. Piel ardiendo, marcas rojas en caderas. Sonrío, labios hinchados. ‘Eso fue… todo’, susurro. Él besa mi frente. Silencio cómplice. Club sigue latiendo afuera, pero nosotros en burbuja. Sudor seca lento, dejando sal en piel. Siento el vacío dulce, el haberlo dado todo. Levanto, piernas flojas. Me visto con calma. Mirada final: promesa de más. Salgo al aire frío de la noche. Piel aún hormiguea. Corazón sereno, pero marcado. Viví el fuego total. Mañana recordaré el pulso, el sudor, la pérdida de control. Y querré más.