La puerta de la suite se cierra con un clic seco. El aire huele a lujuria contenida, a sábanas frescas y promesas rotas. Él está ahí, camisa desabotonada, ojos como brasas. Mi pulso late en las sienes. Cada paso hacia él acelera mi corazón. Siento el calor subir por mi vientre. Sus manos rozan mi cintura. Piel contra piel. El mundo se tiñe de rojo. No hay palabras. Solo miradas que queman. Mi aliento se entrecorta. Sus labios rozan mi cuello. Un escalofrío me recorre. Quiero devorarlo. Ahora. El deseo me aprieta el pecho. Sudor perla mi frente. Sus dedos se clavan en mis caderas. Tiro de su camisa. Botones saltan. Pecho desnudo, duro. Mi boca encuentra su piel salada. Gimo bajito. El fuego crece. Piernas temblando. Lo empujo contra la pared. Sus manos suben por mis muslos. Falda arremangada. Bragas empapadas. El pulso en mi sexo late furioso. No resisto más. Todo es rojo. Urgente. Animal.