Confesión Ardiente: La Suite que me Devoró

La suite del hotel rezumaba lujo oscuro. Luces tenues. Cortinas pesadas contra la lluvia torrencial afuera. Él, un desconocido del bar del lobby. Ojos que prometían fuego. Mi corazón ya latía fuerte cuando cerré la puerta. Su aliento caliente en mi cuello. Manos firmes en mi cintura. ‘No pares’, susurré. El aire se cargó de electricidad. Mi piel erizada. Cada roce un chispazo. Lo empujé contra la pared. Labios chocando. Lenguas enredadas. Salvaje. Mi pulso retumbaba en oídos. Manos bajando su camisa. Pecho duro. Sudor inicial. Gemí bajo. El deseo subía como lava. Ropa cayendo al suelo. Desnuda ante él. Vulnerables. Mi sexo palpitaba. Urgente. Lo arrastré a la cama king size. Sábanas de seda fría contra piel caliente. Sus dedos explorando. Rozando mis pezones duros. Jadeos cortos. ‘Te quiero ahora’. El rojo lo cubría todo. Mentes nubladas. Solo instinto. Piernas abiertas. Su peso sobre mí. El ascenso imparable. Fiebre total.

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