La puerta de la suite se cierra con un clic seco. El aire huele a lujo y a promesa prohibida. Luces tenues bañan la cama king size, sábanas blancas como piel virgen. Él me mira, ojos negros de hambre. Mi corazón late fuerte, bum-bum, contra las costillas. Siento el calor subir desde el vientre, un fuego que lame mis muslos. Me acerco, lento, mis tacones clavan en la alfombra. Su mano roza mi brazo, piel contra piel, electricidad. Jadeo ya, el vestido se pega a mi cuerpo sudado. ‘No pares’, susurro, voz ronca. Sus labios rozan mi cuello, dientes suaves, mordida que enciende todo. Mi pulso acelera, 120, 140, un tambor de guerra. Manos en mi cintura, aprieta, posesión pura. El rojo me invade, visión nublada por el deseo. Caigo de rodillas, no sé por qué, solo urgencia. Su zipper baja, lento, torturador. Lo miro, duro, palpitante. Mi boca lo reclama, lengua voraz, sabor salado de hombre. Él gime, manos en mi pelo, tira, duele rico. El calor sube, mi sexo palpita, mojado, exigente. Me levanto, lo empujo a la cama. Monteño, falda arriba, bragas rasgadas. Su pene entra, fricción brutal, lleno. Grito, placer que rasga.